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Semana del 21 al 27 de Mayo , 2009
Biden y Nixon: Una historia de dos experiencias latinoamericanas PDF Print E-mail

Por Saul Landau                                                                    Leer Versión en Inglés 

El 27 de marzo, el Vice Presidente Joe Biden comenzó una gira de tres días por Latinoamérica para realizar sesiones de consulta a alto nivel con vistas a la Cumbre de las Américas, programada para mediados de abril en Trinidad y Tobago. Biden se reunió en Chile con la Presidenta Michelle Bachelet y los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay y los primeros ministros de Noruega y el Reino Unido.

Biden viajó luego a Costa Rica. Como huésped del Presidente Oscar Arias y rodeado de otros líder4es centroamericanos en San José, Biden escuchó, un rasgo comúnmente no asociado al verboso ex senador --ni con otros funcionarios de EEUU-- mientras ellos enunciaban los problemas más acuciantes de la región. Biden regresó sin que lo “Nixonizaran”.

En mayo de 1958, el Vicepresidente Richard M. Nixon y su esposa Pat comenzaron en Lima, Perú un viaje por ocho naciones. Los noticieros de cine mostraron a Nixon saludando al público peruano que respondió con gritos de repudio. Jóvenes peruanos empujaron al VP y a su esposa y luego lo escupieron. The New York Times describió con disgusto la hostilidad como “inspirada por los comunistas”.

Una semana más tarde, los Nixon aterrizaron en Caracas. Una banda oficial tocó el himno nacional de Estados Unidos y se escuchó el saludo de 21 cañonazos. Pero el público saludó a Nixon con una tela blanca: “Fuera, Nixon”. El confundido VP se acercó a la muchedumbre, y lo escupieron de nuevo.

Dentro de la limosina, los Nixon se limpiaron la saliva de la cara. Otros venezolanos indignados lanzaron piedras contra el auto manejado por un conductor. Una hora más tarde, el convoy de Nixon se detuvo en medio del tráfico de Caracas. Cientos de manifestantes atacaron la caravana y arrancaron las banderas de EEUU y Venezuela que adornaban la limosina. Hombres furiosos golpearon las puertas de la limosina con tubos de plomo, otros lanzaron piedras. El vidrio de seguridad estalló. Una esquirla golpeó a Nixon en el rostro. Se la quitaron rápidamente.

La escolta policial venezolana parecía reacia a enfrentarse a los airados civiles. Habían sido víctimas de vengativas turbas en meses anteriores cuando los ciudadanos se amotinaron y derrocaron al dictador pro-norteamericano Marcos Pérez Jiménez. Policías de uniforme se llevaron a rastras a un estudiante que se acostó al paso del auto. Pero no se enfrentaron a un grupo de trataba de volcar el auto de Nixon. El conductor aceleró y pudieron escapar.

Nixon tenía planeado colocar una corona de flores en la tumba de Simón Bolívar. Pero más manifestantes esperaban por él. La revista Time (26 de mayo de 1958) consideró que “3 000 manifestantes, la mayoría estudiantes de secundaria” estaban allí.

Funcionarios de la embajada de EEUU telefonearon al Presidente Eisenhower para informarle de los incidentes. Ike envió una unidad militar para rescatar al matrimonio Nixon. La junta militar que reemplazó a Pérez Jiménez en el poder en Caracas envió a soldados para proteger a los importantes visitantes norteamericanos. Al día siguiente, personal militar escoltó a Dick y a Pat hasta el aeropuerto en una limosina blindada.

El Presidente provisional, Contralmirante Wolfgang Larrazabal, describió los incidentes como “muy tristes”.

¿Tristes? En la actualidad la mayoría de los latinoamericanos se sienten aliviados. En décadas recientes se han zafado de encima a los norteamericanos. Funcionarios de EEUU continúan diciendo a la gente de “allá abajo” cómo deben gobernarse y dirigir su economía, pero no pueden enviar fácilmente tropas o a los desestabilizadores de la CIA. Bolivia y Ecuador han expulsado a varios “diplomáticos” norteamericanos y también han liquidado la costosa y estúpida “guerra a las drogas” de Washington.

Sin embargo, en 1958 los intelectuales del Departamento de Estado y la CIA no podían concebir que los latinoamericanos se sintieran indignados por el comportamiento imperial de EEUU. En Washington, bajo el tutelaje del General Altivez, pocos consideraban que la instalación de brutales dictadores por todo el hemisferio sur pudiera tener repercusiones negativas, aunque las claras señales debían haber preparado a la nomenklatur de la política exterior. Varios meses después, en enero de 1959, los expertos de la política oficial quedaron pasmados de asombro cuando los cubanos derrocaron a otro dictador apoyado por EEUU.

El hecho ocurrió mientras el apócrifo General Altivez se había inflado, según las sabias palabras de mi difunto profesor, William Appleman Williams, con “visiones de omnipotencia”. Después de todo, Estados Unidos poseía una gigantesca economía, súper tecnología y preeminencia nuclear.

Durante más de un siglo, Washington prefirió intervenir militarmente y luego comportarse como si sus actos agresivos demostraran la preocupación que sentían por el bienestar de esos pueblos inferiores. En 1980, el ex Director de la Agencia Control de Armas y del Desarme bajo el Presidente Carter, Paul Warnke, me describió las actitudes oficiales después de la 2da. Guerra Mundial. “Los latinoamericanos debieran estar agradecidos. Les permitimos sentarse en la ONU. La Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt se convirtieron en lugares comunes. Nadie los cuestionaba. Se asumía que controlaríamos el área por siempre”.

Sin embargo, los latinoamericanos aprendieron que el cerebro político de Washington se había congelado. En nombre de “contener” la expansión soviética y proteger la democracia, Estados Unidos apoyó a dictadores y a sus militares --igual que había hecho antes de la Guerra Fría.

La brillante retórica de la Alianza para el Progreso Kennedy en 1961 palideció ante el mayor presupuesto de contrainsurgencia, tanto el suyo como el de sus sucesores. La democracia fue eclipsada por los militares y la policía, mientras que la CIA retomó su desestabilización de gobiernos desobedientes (Brasil, en 1964; República Dominicana en 1965, Chile de 1970 a 1973) y trató de asesinar a Fidel Castro cientos de veces.

En 1991 terminó la Guerra Fría. El “imperio del mal” hizo implosión, demostrando que, al igual que el emperador de la fábula, estaba desnudo. Lógicamente, los latinoamericanos esperaron --en vano-- por los cambios de la política de Washington. El aura de supremacía norteamericana continuó prevaleciendo. Para 2001, los neoconservadores comenzaron a imponer, con la bendición presidencial, su miope visión a corto plazo de los intereses norteamericanos. Como convencieron a Bush, la invasión de Irak sería el inicio de la siguiente fase del Siglo Norteamericano. Como demostraron posteriormente los crueles hechos, las fuerzas de EEUU aún ocupan Afganistán e Irak. La política norteamericana en todo el mundo no tiene sentido.

El mítico General Altivez, aún informalmente a cargo del pensamiento oficial, se aferra a estrategias obsoletas --como el anticastrismo. El descenso de los dictadores pro-EEUU se aceleró bajo el libre comercio dominado por EEUU. Sin embargo, la fachada de la democracia latinoamericana --partidos políticos, elecciones, múltiples fuentes de medios-- no podían enmascarar lo profundo de la pobreza y la miseria por toda el área.

Para fines de la década de 1900, los electores respondieron a sus condiciones. La mayor parte de las naciones de la región eligieron gobiernos críticos de la política norteamericana, que van de Hugo Chávez de Venezuela y Evo Morales de Brasil, ambos abiertamente pro-Fidel, a presidentes que expresan admiración, pero no aceptan los consejos directos del ex presidente de Cuba (Chile, Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay, Guatemala, Honduras, República Dominicana, Panamá y El Salvador).

Si Biden trata de argumentar a favor de continuar la política de “castigar a Cuba”, todos los latinoamericanos lo mirarán con desdén. Estados Unidos ha perdido Latinoamérica. En la era posterior a la 2da. Guerra Mundial, críticos del Presidente Truman lo acusaron de haber “perdido a China”, al referirse a su negativa a intervenir militarmente en la guerra civil ganada por los comunistas en 1949. Es más, Estados Unidos nunca fue dueño de China como para perderla. Pero Washington si dominó a Latinoamérica durante un siglo. Y perdió el control de la mayoría de los países. En la década de 1960, Washington presionó a los líderes latinoamericanos para que rompieran con Cuba. En 2009 esos vínculos se han restablecido.

La nueva generación política en la región discute con el Presidente Obama para que abandone las políticas de “destruir a Cuba”. En su lugar, los presidentes latinoamericanos apelan a Obama para que enfrente temas que piden a gritos soluciones: pobreza, delitos, narcotráfico e inmigración. Cuba no ha provocado esos problemas. Sin embargo, la política norteamericana facilitó un vasto saqueo corporativo de las riquezas latinoamericanas.

La política norteamericana de libre comercio provocó aumento de la pobreza. La guerra contra las drogas promovió más crímenes violentos en varias naciones latinoamericanas y envenenó buenas tierras agrícolas con el pretexto de eliminar la coca y la amapola del opio.

La demanda de la droga proviene fundamentalmente de Estados Unidos, el cual no ha hecho nada por reducir el número de adictos. Las fórmulas del libre comercio llevaron a Argentina a la bancarrota. Otras naciones dejaron de producir los cultivos tradicionales que alimentaban a sus pueblos. Los agricultores costarricenses cultivan macadamias y flores, no maíz. Durante quinientos años, México era autosuficiente en maíz. Ahora importa más maíz norteamericano que ninguna otra nación en el mundo. ¡Gracias, ALCAN!

Brasil se ha convertido en una potencia que merece un asiento en la mesa mundial --especialmente en las áreas de colapso financiero y calentamiento global. Obama y Biden podrían anunciar una nueva sociedad y retirar permanentemente al General Altivez.

Obama se enfrenta a un extraño problema. En medio del colapso financiero, ¿reconocerá también la pérdida del poder político norteamericano? En 1897, el Jubileo de Diamantes de la reina Victoria celebró un imperio que cubría el mundo, incluyendo las muy populosas India y China (una colonia informal). El abuelo del General Altivez vivía en Londres. Él creía que Dios había bendecido a los británicos con una franquicia perpetua del universo.

Para 1948, la franquicia se había reducido a unas pocas colonias menores. En 1956, cuando los barcos británicos de guerra navegaban hacia el Canal de Suez en un intento por restablecer su poder en el Medio Ori9ente, el Presidente Eisenhower les ordenó que se detuvieran. Obedecieron. En 2001, el Primero Ministro Tony Blair trató de besarle el trasero a George W. Bush, quizás para restablecer algunas visiones desvanecidas de pasadas glorias imperiales.

Con suerte alguien en Washington les gritará como Ike hizo a los británicos. “¡Despierten! ¡Todo acabó!” El siglo norteamericano ha durado 60 años. Biden pudiera ayudar a redefinir las relaciones de EEUU --sociedad, no dominación-- con Latinoamérica. Qué alivio sería eso --para casi todo el mundo.

Saul Landau es miembro del Instituto para Estudios de Política, autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador de filmes, disponibles en DVD por medio de roundworldproductions.com.

 
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Ganen uno por el Gipper

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Han pasado 81 años desde que el legendario entrenador Knute Rockne pidió a sus jugadores “ganar uno para el Gipper”. Pero ningún equipo de football de Notre Dame se enfrentó a un reto tan duro como el del Presidente Obama.

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Notre Dame es una de nuestras grandes universidades, y la mejor universidad católica de Estados Unidos, pero un grupo de fanáticos religiosos de miras estrechas, ignorantes e intolerantes están tratando de sabotearla. Según la última cuenta, 74 obispos se han negado a asistir a la ceremonia --debido a que Obama está a favor del aborto.

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Haciendo lo que quieras

Yo he experimentado mi propia oleada de creatividad… Mientras fuera bueno que todavía me pagaran por mi trabajo la necesidad de ser mas inventiva esta teniendo un efecto beneficioso en la comunidad artística que me rodea. ... Nadie quiere que haga nada así que estoy haciendo lo que quiero”.

-- Liz Fallon, una artista visual de Maine, le dice a un reportero del NY Times que la mala economía a ayudado a disparar su creatividad.

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