| Lo primero es el respeto |
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Por Manuel E. Yepe Leer Versión en Inglés Hasta dónde el síndrome imperial obnubila la perspectiva de los políticos estadounidenses, de cualquier orientación y rango, puede apreciarse en la actual circunstancia de toma de posesión de un nuevo gobierno --llamado a concentrarse en la rectificación de los errores que la administración saliente llevó a extremos que han hundido al país en el mayor desprestigio e impopularidad- con un presidente que, por muchos motivos, es evidencia de la voluntad de cambios que prima en la ciudadanía de esa nación. Luego de medio siglo de relaciones con Cuba, en cuyo período Washington ha desconocido la decisión independentista que condujo a la victoria del pueblo cubano el primero de enero de 1959, tras cruenta lucha que había comenzado noventa años antes contra el colonialismo español y se coronó con el triunfo sobre la tiranía que custodiaba los intereses de los Estados Unidos en la isla, para los patriotas cubanos no hay alternativa posible al ejercicio absoluto de su soberanía. Cuba ha tenido que librar en estos 50 años un enfrentamiento asimétrico equivalente de una violenta guerra, sin ceder un ápice en su decisión independentista. La desproporción de las fuerzas es tal que llegaron a ser muy pocos los que en el mundo concedían posibilidades de éxito a la resistencia de los cubanos en un desafío entre David y Goliath en el que, sin embargo, jamás ha flaqueado en los patriotas de la isla la determinación de mantener la libertad reivindicada y alcanzada. Cuba ha sufrido el bloqueo económico, financiero y comercial más largo de la historia humana; agresiones terroristas de todo tipo, incluyendo cientos de intentos de magnicidio, y todo género de presiones, amenazas, expulsiones, inhabilitaciones y exclusiones en organismos internacionales; sin claudicar ni admitir menoscabo alguno de su soberanía nacional. El heroísmo colectivo en defensa de la dignidad nacional y los evidentes logros sociales de la revolución cubana estimularon una creciente solidaridad mundial que se ha expresado en hechos tan humillantes para el imperio como las votaciones casi unánimes de condena al bloqueo impuesto a Cuba en la ONU. Pero ha sido el propio pueblo estadounidense el que, en un acto que le ha merecido la admiración de todo el mundo, se ha pronunciado contra la política exterior imperialista de su país eligiendo presidente a un candidato que prometió cambios en esa dirección. Los cubanos tienen derecho a esperar que tras cincuenta años de ejercicio de una política equivocada contra su país, quienes deban ejecutar en Estados Unidos los cambios anunciados por el nuevo mandatario se pronuncien en todo momento con respeto por la independencia de los demás países y por la rectificación de la política de atropellos, altanería, sanciones y agresión contra los países que componen la comunidad mundial de la que Estados Unidos es apenas uno más que debe y merece respeto de los otros. No es buena señal el hecho de que por parte de algunos dirigentes y funcionarios que integran el nuevo equipo de gobierno en Washington se hayan manifestando, en los días previos a la toma de posesión del entrante mandatario, proyecciones acerca de los nexos con Cuba que no parten del reconocimiento de la necesidad de rectificar una política errónea sino de una reiteración de las posiciones hegemónicas. La política de Estados Unidos hacia Cuba ha sido desacertada, no porque haya fracasado en el propósito de lograr su objetivo de que Cuba regrese al redil y retroceda a su condición de neocolonia, --como reiteradamente se divulga en la prensa estadounidense-- sino porque es injusta y responsable de infinidad de crímenes contra el pueblo cubano, en aras de impedir su independencia. Las tradicionales tácticas hegemónicas disfrazadas de promoción de la democracia, la insistencia en financiar programas para la subversión y el reclutamiento de traidores y desertores, la promoción de sanciones contra Cuba por parte de sus países aliados y subordinados, son en si mismas criminales atentados contra la soberanía del pueblo cubano. Hablar a estas alturas de concesiones recíprocas de Cuba, de mantener el bloqueo como elemento de presión o de establecer condiciones previas para el diálogo, es insultar al pueblo cubano y burlarse de la opinión pública mundial desde su condición de superpotencia única en el planeta. Solo el absoluto acatamiento al derecho internacional, el respeto a la soberanía de los demás Estados y de los principios que garantizan la igualdad entre las naciones, independientemente de su sistema político, antigüedad, tamaño poblacional, extensión territorial, poderío militar, desarrollo económico y cualquier otra consideración, pueden proporcionar a la nación estadounidense el lugar que merece su pueblo hacendoso, hoy vilipendiado por los desmanes de sus gobiernos en todo el mundo. El respeto recíproco entre todas las naciones ha de ser lo primero en un mundo de paz. Manuel E. Yepe Menéndez es abogado, economista y periodista. Se desempeña como Profesor en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana. |
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El presidente Obama, su ejemplo e inspiración latentes para Cuba
Por Rolando H. Castañeda y Lorenzo Cañizares
El presidente Barack H. Obama con unos 100 días de gobierno muestra una serie de ejemplos y desafíos al mundo, los cuales también son particularmente aplicables a Cuba. Ha planteado enfrentar simultáneamente y con determinación varios problemas fundamentales que afectan a la sociedad estadounidense y desea establecer buenas relaciones y distensión con el resto del mundo, especialmente con sus vecinos más próximos.
El domingo falleció en Uruguay, su tierra natal el querido poeta, escritor y compañero Mario Benedetti.
El nos enseño que nuestros muertos...

Un ejemplo que nos quieren imponer
Por Germán Piniella
Un artículo firmado por Rolando H. Castañeda y Lorenzo Cañizares, publicado en este número de Progreso Semanal (ver “El presidente Obama, su ejemplo e inspiración latentes para Cuba”), parece plantear otra posición en cuanto a las relaciones de la emigración con la isla.
Es conveniente recordar similares perspectivas en otros momentos de la historia de Cuba. A mediados del siglo 19, cuando comenzaba a surgir la conciencia nacional en nuestro país, pronto se avizoró un camino hacia la lucha por la independencia en el pensamiento cubano de educadores como Félix Varela y en la lírica encendida de José María Heredia. Hubo entonces sectores de la burguesía temerosos que el “peligro negro” de la revolución haitiana se apoderara de Cuba, o que el caos “jacobino” llevara al país a la ruina.
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Por Bill Press
Han pasado 81 años desde que el legendario entrenador Knute Rockne pidió a sus jugadores “ganar uno para el Gipper”. Pero ningún equipo de football de Notre Dame se enfrentó a un reto tan duro como el del Presidente Obama.
Desde que fue invitado por el rector de la Universidad, Padre John Jenkins, a pronunciar el discurso de graduación de este año, Obama se ha enfrentado a una creciente ola de protestas. A juzgar por los aullidos de algunos críticos, se pensaría que el diablo mismo estaría presidiendo la graduación de este año.
Notre Dame es una de nuestras grandes universidades, y la mejor universidad católica de Estados Unidos, pero un grupo de fanáticos religiosos de miras estrechas, ignorantes e intolerantes están tratando de sabotearla. Según la última cuenta, 74 obispos se han negado a asistir a la ceremonia --debido a que Obama está a favor del aborto.
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Radar Cubano
Haciendo
lo que quieras
“Yo
he experimentado mi propia oleada
de creatividad…
Mientras fuera bueno que todavía me pagaran por mi trabajo la
necesidad de ser mas inventiva esta teniendo un efecto beneficioso en
la comunidad artística que me rodea. ... Nadie
quiere que haga nada
así que estoy haciendo lo que quiero”.
-- Liz Fallon, una artista visual de Maine, le dice a un reportero del NY Times que la mala economía a ayudado a disparar su creatividad.