| Hay una alternativa al dominio corporativo |
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Por
todo el mundo, están surgiendo desde la base
enfoques verdaderamente democráticos
Por
Mark Engler Leer Versión en Inglés
Primera
parte de una serie de dos.
Uno
de los rasgos sorprendentes de la vida política moderna es la
manera en que las elites globales niegan consistentemente las
alternativas viables al orden global existente, incluso a medida que
cambia el terreno de la política internacional. Los
“globalistas imperiales” que llegaron al poder en los años
de Bush aseguran que sin el poderío militar norteamericano
proyectado decisivamente al exterior las fuerzas del mal arrasarían
al mundo. Mientras tanto, los “globalistas corporativos” de Wall
Street persisten en su creencia de que en el mundo posterior a la
Guerra Fría no tenemos más opción que aceptar el
continuo avance del mercado “libre”.
Ninguna
de esas ideas es creíble. La desastrosa guerra en Irak se
contradice con el argumento neoconservador de que la guerra
preventiva puede crear la seguridad, Mientras tanto, los principales
expertos continúan proclamando que el neoliberalismo --la
doctrina radical de libre mercado que ha definido el “Consenso de
Washington” en la economía internacional de las últimas
décadas-- es inevitable e irremplazable. Sin embargo, mientras
esa ideología se desprestigia en todo el mundo, su discusión
se revela más que nunca cada vez más falsa. Actualmente
existen decenas de libros y cientos de informes que ofrecen nuevas
direcciones al orden global --además de innumerables
iniciativas a niveles locales, nacionales e internacionales para
crear sistemas políticos y económicos que defiendan los
derechos humanos y el medio ambiente.
En
realidad, la falta de ideas viables no es el problema para los que
rechazan tanto el modelo corporativo como el imperial de
globalización. Ya sean parte de bulliciosos levantamientos
nacionales o callados y persistentes esfuerzos comunitarios para
promover una globalización democrática --una
globalización desde abajo-- miembros de redes de base están
dedicados ahora a un debate acerca del balance apropiado de visión,
programa, estrategia política, y táctica necesarias
para avanzar.
Cambios
en el movimiento global de justicia
Parte
de lo que ha motivado la confusión pública acerca de
las alternativas fue la especificidad del movimiento político
cuando las protestas contra la globalización capturaron la
atención de los medios principales. Durante el período
alrededor del 2000, la organización de justicia global era
cubierta por los medios solo en contextos en los que los
participantes brindaban una voz de oposición --en las
reuniones cumbres de instituciones como la Organización
Mundial del Comercio (OMC), eL Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional (FMI). Estos eventos se convirtieron en puntos
llamativos de resistencia por una razón: las reuniones
cumbres eran extraordinariamente eficaces para hacer converger un
grupo tremendamente diverso de activistas ciudadanos globales.
Sin
embargo, la escena de la globalización comenzó a
cambiar al inicio de los años de Bush, cuando los ataques del
11/9 desempeñaron un importante papel en el cambio. Tan
abruptamente como habían anunciado los principales medios de
noticias que llegaría el “nuevo” movimiento global después
de las protestas de Seattle contra la OMC, los cuestionamientos al
Consenso de Washington se hicieron prácticamente invisibles a
sus reporteros una vez más después del 11/9. Esto
reflejaba solo parcialmente lo que estaba sucediendo en el terreno.
En los meses siguientes a los ataques, algunas protestas
--principalmente una importante movilización contra las
reuniones del Banco Mundial y del FMI en Washington, D.C.-- fueron
canceladas a medida que el mundo se dispuso a mostrar solidaridad con
las víctimas. Sin embargo, la irresponsable respuesta de la
administración Bush eliminó la buena voluntad global y
en definitiva aumentó el alcance de las protestas.
A
medida que continuaron las estrategias para imponer visiones
elitistas de globalización, las protestas en pro de la
justicia global se reanudaron en todo el mundo. Muchas personas, en
particular en los países del Sur, combinaron su indignación
contra el militarismo norteamericano con un repudio a la
globalización corporativa. Cuando Bush viajó al
extranjero, se encontró con enormes protestas, muchas de las
cuales plantearon temas económicos así como
preocupación por la guerra. Sin embargo, los medios noticiosos
reportaron mayoritariamente que estas manifestaciones eran
incoherentes motines anti-norteamericanos, si es que las reportaban.
Los expertos de la comunidad política de Washington se
apresuraron a declarar que el movimiento pro justicia global había
muerto. Al frente de la jauría se encontraba Edgard Gresser,
del Instituto de Política Progresista, el tanque pensante del
Consejo de Liderazgo Democrático a favor del “libre
comercio”, quien pronosticó que el movimiento estaba
“destinado a la irrelevancia” en un mundo re-alineado.
Millones
de personas tenían razón para protestar. Estos
activistas estaban a punto de rediseñar el mapa político
de Latinoamérica, presidir sobre el colapso de la legitimidad
del neoliberalismo, liderar una rebelión mundial contra la
guerra preventiva, y llevar a los temas de justicia económica
a niveles mucho más prominentes en el debate del desarrollo
global. Sus esfuerzos en pro de una globalización democrática,
aseguraban, estaban bien vivos.
El
panorama desde Porto Alegre
Como
resultado,
una manifestación muy visible de la próxima etapa del
movimiento de justicia global provendría de una modesta ciudad
de 1,5 millones de habitantes del sur de Brasil, un lugar cuyo nombre
se ha convertido en sinónimo de la búsqueda de un orden
global más justo y democrático. Actualmente, la sola
mención de Porto Alegre, cuna del Foro Social Mundial, es
suficiente para eliminar de una vez el argumento instintivo de que no
hay alternativa a las visiones dominantes de globalización.
Incluso
en la medida en que los progresistas dentro de EEUU se dedicaron a
resistir las políticas de la administración Bush acerca
de la guerra preventiva y sus asaltos reaccionarios a los derechos
constitucionales, los movimientos internacionales no han esperado al
cambio de régimen en EEUU para fomentar la desaparición
del Consenso de Washington. Grandes muchedumbres se han unido a los
norteamericanos en manifestaciones en contra de la guerra en Irak,
como el 15 de febrero de 2003, cuando más de diez millones de
personas en más de 500 ciudades marcharon a las calles, lo que
constituyó el mayor día de acción global
coordinada de toda la historia. Pero al mismo tiempo, las comunidades
locales han realizado batallas para revertir la privatización
de los servicios públicos y campañas transnacionales
han luchado por reformas tales como la cancelación de la
deuda. En países de toda Latinoamérica se han derrocado
gobiernos neoliberales, han sido elegido líderes que se oponen
al Consenso de Washington y se ha presionado a funcionarios para que
impongan políticas sociales que sirvan al pueblo trabajador.
Al
reflejar este sostenido torrente de actividad global, el Foro Social
Mundial ha crecido y madurado. Mientras que el primer foro global en
2001 dio la bienvenida a 12 000 participantes, los eventos
posteriores han crecido cada vez más y han atraído
hasta 150 000 personas. Además de regresar a Porto Alegre
durante tres años consecutivos después de la cumbre
inicial, el evento global también se ha celebrado en Mumbai,
India, y en Nairobi, Kenya. A nivel regional se han celebrado foros
más pequeños. En el Foros Social Mundial, líderes
comunitarios, representantes sin fines lucrativos, académicos,
organizadores y legisladores progresistas han presentado, discutido y
perfeccionado ideas que representan colectivamente un conjunto de
políticas para la economía global tan completo como
cualquier oficina inestable de campaña pudiera aspirar a
diseñar. Esos espacios han servido como encarnación de
las propuestas para una globalización democrática,
Reuniones
de grupos en carpas, designadas para la discusión de la
energía y el medio ambiente, han encontrado estrategias para
liberarnos de la dependencia de la economía del petróleo.
Ellos han propuesto inversiones en transportación pública
masiva y trasladar los subsidios gubernamentales de la explotación
de hidrocarburos a la energía alternativa. Otros
medioambientalistas han trabajado para promover un impuesto
internacional a los carbonos para penalizar a los contaminadores
--algo de indudable interés público, en especial debido
a la creciente evidencia acerca de los peligros del calentamiento
global. Todos ellos representan políticas públicas
perfectamente viables, a las que se ha opuesto con vehemencia la
industria petrolera.
En
otras carpas, agricultores familiares y defensores de la seguridad de
los alimentos, provenientes de todo el mundo, se han reunido para
promover modelos para la reforma agraria redistributiva. Hasta las
instituciones financieras internacionales reconocen que la reforma
agraria sería beneficiosa para los pobres, pero ha sido sacada
del mapa político por las elites nacionales y los
conglomerados agroindustriales. Otros activistas explicaron de qué
forma los subsidios gubernamentales a las exportaciones y los
plaguicidas incrementan el “monocultivo” por sobre la agricultura
orgánica; en respuesta, ellos argumentaron a favor de un
cambio de los fondos públicos para apoyar la agricultura
sostenible. Las comunidades indígenas hicieron mayor hincapié
en su derecho a la autodeterminación, en particular con
relación a mantener sistemas tradicionales de propiedad de la
tierra y producción de alimentos.
Las
carpas en las que se celebraban discusiones acerca de la necesidad de
detener el poder corporativo han presentado una lista de propuestas
innovadoras. Estas incluyen el financiamiento público de
elecciones para terminar con lo que el Senador de EEUU Russ Feingold
ha llamado “un sistema de soborno legalizado y de extorsión
legalizada”. Incluyen leyes que permitan a las víctimas de
los abusos corporativos en los países en vías de
desarrollo a presentar reclamaciones judiciales en tribunales
norteamericanos y europeos. E incluyen propuestas detalladas para
fortalecer la ley anti-trust a fin de eliminar los monopolios
comerciales --entre ellos los imperios de medios masivos que hacen
tanto por imponer límites al debate público.
Un
grupo llamado ATTAC, uno de los organizadores del Foro Social
Mundial, ha levantado carpas para promover la campaña a favor
del Impuesto Tobin. Propuesto inicialmente en la década de
1970 por el economista ganador del Premio Nóbel James Tobin,
la iniciativa impondría un impuesto de bajo porcentaje a los
cientos de miles de millones de dólares de transacciones
financieras internacionales que tienen lugar cada día. Esto
significaría una falta de incentivos a la especulación
a corto plazo con las monedas, y alentaría la inversión
más productiva a largo plazo. Es más, hasta un impuesto
minúsculo podría crear un fondo de más de $100
mil millones que pudiera ser usado para impedir la propagación
de enfermedades y aliviar la pobreza global.
Lugares
de trabajo en almacenes que agruparon a organizaciones sindicales han
ofrecido infinitos métodos para proteger los derechos de los
trabajadores y terminar con las condiciones de explotación.
Más de setenta ciudades y localidades en Estados Unidos han
aprobado leyes de Salario Digno desde principios de la década
de 1990. Estas van más allá de mezquinos requerimientos
de salario mínimo y ordenan que los negocios paguen a los
empleados al menos lo suficiente como para mantener a su familia
fuera de la pobreza. En los foros sociales, activistas
norteamericanos discutieron la manera de propagar estas campañas.
Mientras tanto, representantes de un estimado de 180 fábricas
dirigidas por trabajadores, formadas después de que el capital
se fugara de la colapsada economía neoliberal de Argentina en
2001, hablaron acerca de sus experiencias en la autogestión. Y
grupos como la Coalición de Mujeres para la Justicia Económica
han hecho hincapié en que las cumbres apoyadas por la ONU y
otros esfuerzos internacionales para promover los derechos de las
mujeres no deben estar subordinados a acuerdos multilaterales de
comercio.
Finalmente,
talleres organizados por representantes del movimiento de comercio
justo presentaron sus intentos por construir vínculos directos
entre productores en el Sur global y los consumidores en el Norte. El
modelo de comercio justo tiene como objetivo eliminar a los
intermediarios explotadores, garantizar que los trabajadores obtengan
un salario digno por su trabajo, y dar a los colectivos locales una
mayor participación en la determinación de las
condiciones bajo las cuales tiene lugar el intercambio económico
internacional. Al igual que los alimentos orgánicos, el
comercio justo sigue siendo un mercado de nicho y no puede sustituir
los más amplios cambios estructurales en la economía
global. Pero brinda tanto una alternativa al comercio explotador como
un modelo esperanzador para un cambio futuro. Incluso esta amplia gama de actividad no constituye una revisión exhaustiva. A diferencia de los modelos corporativo e imperial, una globalización desde abajo no es una receta de la economía global que convenga a todos. En relación con las políticas alternativas, el modelo de la democracia participativa produce, según las palabras de otro lema, “Un No, Muchos Sí”.
Genera
un fuerte reto a las estructuras del neoliberalismo y el imperio,
pero permite un sentido más amplio de lo que los reemplazará.
A
diferencia de los manifiestos individuales que suponen que una falta
de ideas es el problema de los progresistas, los activistas en Porto
Alegre han presentado una agenda para el cambio enraizada en las
luchas y campañas locales que hace tiempo se han iniciado.
Excelentes volúmenes como Alternativas
a la globalización económica,
un libro compilado por el Foro Internacional de Globalización,
con sede en San Francisco, han perfilado otros aspectos de esta
agenda. Los Informes de Desarrollo Humano producidos anualmente por
el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han apoyado
muchas de estas mismas iniciativas. Un número de propuestas
progresistas han sido presentadas este verano como legislación
en el Congreso norteamericano en tales medidas como la reciente ley
TRADE, promovidas por defensores del comercio justo. No hace falta
decir que los beneficiarios elitistas del dominio corporativo e
imperial que aún se mantienen firmes en su argumento de que no
existen alternativas preferirían que el público no
supiera de ninguno de estos avances. Mark Engler, analista principal de Foreign Policy In Focus, es autor de Cómo dominar el mundo: la batalla que se avecina por la economía global (Nation Books, 2008), del cual se adaptó este artículo. Se le puede contactar por medio del sitio web http://www.DemocracyUprising.com |
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El presidente Obama, su ejemplo e inspiración latentes para Cuba
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El domingo falleció en Uruguay, su tierra natal el querido poeta, escritor y compañero Mario Benedetti.
El nos enseño que nuestros muertos...

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Es conveniente recordar similares perspectivas en otros momentos de la historia de Cuba. A mediados del siglo 19, cuando comenzaba a surgir la conciencia nacional en nuestro país, pronto se avizoró un camino hacia la lucha por la independencia en el pensamiento cubano de educadores como Félix Varela y en la lírica encendida de José María Heredia. Hubo entonces sectores de la burguesía temerosos que el “peligro negro” de la revolución haitiana se apoderara de Cuba, o que el caos “jacobino” llevara al país a la ruina.
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Han pasado 81 años desde que el legendario entrenador Knute Rockne pidió a sus jugadores “ganar uno para el Gipper”. Pero ningún equipo de football de Notre Dame se enfrentó a un reto tan duro como el del Presidente Obama.
Desde que fue invitado por el rector de la Universidad, Padre John Jenkins, a pronunciar el discurso de graduación de este año, Obama se ha enfrentado a una creciente ola de protestas. A juzgar por los aullidos de algunos críticos, se pensaría que el diablo mismo estaría presidiendo la graduación de este año.
Notre Dame es una de nuestras grandes universidades, y la mejor universidad católica de Estados Unidos, pero un grupo de fanáticos religiosos de miras estrechas, ignorantes e intolerantes están tratando de sabotearla. Según la última cuenta, 74 obispos se han negado a asistir a la ceremonia --debido a que Obama está a favor del aborto.
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Radar Cubano
Haciendo
lo que quieras
“Yo
he experimentado mi propia oleada
de creatividad…
Mientras fuera bueno que todavía me pagaran por mi trabajo la
necesidad de ser mas inventiva esta teniendo un efecto beneficioso en
la comunidad artística que me rodea. ... Nadie
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así que estoy haciendo lo que quiero”.
-- Liz Fallon, una artista visual de Maine, le dice a un reportero del NY Times que la mala economía a ayudado a disparar su creatividad.