(Respuesta a Carlos Alberto Montaner)
Por Arturo López Levy
En los años cincuenta una nueva palabra entró al vocabulario: macartismo. El término asociado a prácticas usadas por el senador republicano, Joseph McCarthy, consiste en la utilización de denuncias anónimas, a partir de difamaciones mezcladas con medias verdades, para censurar y perseguir a aquellos que discrepan de la derecha antidemocrática.
El filme “Buenas noches y buena suerte” muestra como McCarthy y sus vigilantes pescaban pretextos como un vínculo familiar o una suscripción a una revista de izquierda para acusar, sin pruebas ni debido proceso, a sus conciudadanos. El efecto mayor no era en los estigmatizados. La cacería de brujas sembró temor en los demás. Nadie quería exponerse a la avalancha de infamias vertidas por la maquinaria conservadora contra cualquier persona que expusiera las sinrazones de políticos como McCarthy.
El asesinato de la voz:
El senador McCarthy tiene imitadores importantes entre algunos exiliados cubanos. El ataque personal “El académico que escribía como un funcionario” publicado por Carlos Alberto Montaner, para refutar mi artículo “Golpe y propaganda” es un ejemplo típico. Frente a la exposición de las inconsecuencias de su proclamado pensamiento liberal y democrático, Montaner responde con acusaciones de espionaje que dice no le “constan” pero repite.
Revelando “secretos” que nunca lo fueron, Montaner la emprende contra mi apellido materno, combinándolo con informaciones dispersas sobre mis estudios de relaciones internacionales en Cuba, un primo, que no es responsable de mis ideas como yo no soy de las suyas, y mi condición de oficial en los cuerpos armados cubanos, entre 1992 y 1994. A partir de esa pesquería de hechos inconexos, Montaner concluye ¡vaya coincidencia! que la misma persona que critica su inconsistencia intelectual en la crisis de Honduras y su “liberalismo” pro embargo sui generis, es un espía contra la comunidad judía de Cuba, Israel, “el mundo académico”, el exilio, y sabe D-s quien más.
¿Pruebas? ¿Sentencia? No hacen falta. Para el macartismo cubano, las instituciones de contrainteligencia, con la ley de guía, no son suficientes. Montaner y sus vigilantes quieren linchar, según su gusto ideológico, a cualquiera que se atreva a discrepar con las políticas inconsecuentes con las que perpetuán los conflictos entre cubanos. En esta cacería de brujas, las publicaciones de derecha reproducen la respuesta de Montaner sin publicar mis preguntas. Para estos “liberales” clásicos, es el inocente, quien tiene que probar su no culpabilidad.
Claro que esa forma de juzgar no es democrática. En estados de derecho, como lo son España y Estados Unidos, donde vivimos Montaner y yo, cada ciudadano acusado de delito (el espionaje lo es) tiene su día en un tribunal, y no un tribunal ideológico, sino apegado a leyes. Ese ciudadano es inocente mientras no se pruebe lo contrario. ¿Por qué los vigilantes que “afirman rotundamente” las acusaciones de Montaner, no presentan una acusación legal con pruebas? Dada la ira exhibida, la respuesta es evidente: porque no las tienen.
La difamación que Montaner ensayó en su escrito confirma que practica el “mismo asesinato de la voz” del que denuncia ser víctima contra los que cuestionan la coherencia de sus ideas. Se imponen nuevas preguntas ¿Es democrático sustituir la ley y las instituciones profesionales de contrainteligencia en Estados Unidos por las acusaciones de su grupo de “vigilantes”, o CDR al revés? ¿No se merecen los cubanos, sin distinción de izquierdas o derechas, un debate de argumentos coherentes, sin el macartismo de acusaciones de espionaje no probadas, ya sea contra él o sus oponentes? ¿No deberíamos los exiliados practicar el compromiso con el estado de derecho que predicamos?
Dobles estándares y falsos debates:
Aclaremos un “malentendido” por el cual Montaner quiere desviar el debate hacia un intercambio de caricaturas, al estilo de los mismos que ha practicado por cincuenta años con Granma. Ser inconsistente y apoyar el golpe en Honduras no descalifica a Montaner “in totum” ni “incapacita” sus argumentos en el tema cubano. Independiente de las acusaciones de Granma, que rechacé por considerarlo un político sagaz, y de su incoherencia de ideas, Montaner tiene la condición máxima para debatir sobre nuestro país: es ciudadano cubano. Ni la coherencia intelectual ni una vida inmaculada son requisitos para la libertad de expresión.
Montaner sabe que ese derecho no lo exime de crítica. Un debate legítimo de ideas incluye tanto apuntar “un error de juicio” como cuestionar la coherencia de argumentos. Así ocurre habitualmente. Aunque todo caso histórico difiere, la coherencia, especialmente en un tema como el de los derechos humanos, es la mejor defensa contra las acusaciones de sesgo. Los dobles estándares separan la propaganda manipuladora de la integridad intelectual.
Honduras:
A partir de los propios artículos de Montaner, en “Golpe y propaganda” argumenté que su defensa de la junta de Micheletti y del embargo estadounidense contra Cuba es incoherente con sus supuestos principios democráticos y liberales. En ambos temas, Montaner crea brechas significativas entre lo que predica en abstracto y su toma de partido contra la actuación de la OEA y las libertades de comercio y viaje a Cuba.
Condenar los autoritarismos de izquierda mientras se apoya los de derecha supone un doble estándar. El dilema de Honduras no es Chávez versus Micheletti sino la Carta Democrática Interamericana (CDI), contra el secuestro y expulsión por un comando militar de un presidente electo por su pueblo. Como he escrito otras veces, la CDI tiene importantes defectos, evidenciados en la falta de respuesta temprana de la OEA a la crisis, pero posee una clara virtud: condena y aísla los golpes de estado, no importa la ideología. Es por eso que Barack Obama llamó al golpe en Honduras un “terrible precedente”.
Ningún artículo de la constitución hondureña confiere autoridad a los militares para quitar al presidente según su iniciativa-- como reconoció el coronel Herbert Inestroza. Por eso, la resolución de la OEA que separó al gobierno golpista de Micheletti, establece que el retorno a la democracia pasa a través de la restauración del presidente electo: Manuel Zelaya. Lo ocurrido el 28 de junio en Tegucigalpa fue-- según John Maisto, embajador del expresidente George Bush en Venezuela y la OEA-- un golpe. Su opinión es compartida por todos los jefes de estado del hemisferio, incluyendo el primer ministro canadiense Stephen Harper, el presidente mexicano Felipe Calderón y el colombiano Álvaro Uribe, a quienes nadie acusa de izquierdistas.
Para justificar el golpe que disfraza como “expulsión”, Montaner se esconde tras un argumento legal, de Ricardo Arias Calderon, bastante débil como fuente de derecho. Lo curioso es que el propio Montaner se contradice con un anterior artículo suyo (http://www.realclearpolitics.com/articles/2009/07/01/whats_the_chance_of_stability_97255.html), en el que afirmó que la supuesta elección de Micheletti por el congreso, a propósito de una carta de renuncia obtenida bajo presión, no fue más que “a technical excuse” (una excusa técnica) y que el motivo central fue que Zelaya se había aliado con Chávez y pretendía reelegirse (otra manipulación evidente, pues la pregunta sobre la cuarta urna no hablaba de reelección).
La terquedad del gobierno golpista en Tegucigalpa ha puesto el doble estándar de Montaner en mayor evidencia. Como Montaner indica Zelaya debe desistir de organizar el plebiscito sobre la constituyente contra la voluntad del resto de las instituciones hondureñas. Así lo incluyó Arias en la declaración propuesta y así lo acepto Zelaya. Pero nada es suficiente para Montaner y sus vigilantes. Justo cuando Montaner alababa a Oscar Arias como el mediador optimo, los golpistas rechazaron la declaración de San José, propuesta por el presidente costarricense, con el apoyo de la Secretaria Hillary Clinton. La lógica de Montaner es rara: Zelaya, que aceptó la propuesta de Arias es el obstáculo a la paz. El gobierno de Micheletti que la rechaza es un dechado de flexibilidad.
El único liberalismo pro-embargo del mundo:
Discrepe o no con Milton Friedman, y el Instituto Cato, Montaner debe explicar como justifica la violación de los principios liberales centrales de estado mínimo, y libertades de movimiento y de comercio que el embargo contra Cuba implica. Un bloqueo a la entrega de tecnología nuclear a Irán es coherente con los principios liberales, un embargo contra el comercio y la inversión capitalista en Cuba, con impuestos usados para perseguir turistas, no. Endilgarme una visión del liberalismo clásico como movimiento monocorde no sustituye una explicación a lo que es una contradicción de su pensamiento.
¿Donde están las ideas?
Montaner tiene derecho a apoyar la prohibición de viajar y comerciar con Cuba pero no a extender sus prohibiciones “liberales” a prohibirnos pensar racionalmente. Después de cincuenta años de embargo fracasado, y de inconsecuencias evidentes del sector dominante del exilio cubano con su supuesto credo democrático, el centro, la izquierda y hasta el sector más moderno de la derecha exiliada (El Grupo de Estudios sobre Cuba, por ejemplo) están llamando a eliminar incondicionalmente la prohibición de viajar a Cuba e intentar un nuevo enfoque de aproximación y dialogo con la sociedad y el gobierno de la isla. No se trata de ideologías sino de cambiar políticas que no funcionan, y que son incoherentes con los valores que predicamos.
¿Dónde están las ideas de la derecha tradicional para interactuar con toda la sociedad de la isla, lograr la reconciliación nacional y tener una postura internacional consistente en defensa de los derechos humanos? Puede que existan pero si Montaner se limita a ejercer el macartismo, nunca las conoceremos. En cualquier caso, conviene recordar cuando en 1954, durante una de las audiencias promovidas por McCarthy, John Welch, el abogado del Ejercito, le pidió al Senador y su asistente Roy Cohn que entregaran “antes de que caiga el sol” las pruebas que decían tener. McCarthy y sus “vigilantes” no aportaron nada. Cuando el senador habló de nuevo, Welch lo interrumpió: “Señor, ¿No le queda un mínimo sentido de decencia?”.
Arturo López-Levy es conferencista y candidato a Doctor en la Escuela “Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver. Es graduado de maestrías en Relaciones Internacionales en la Universidad de Columbia, NY, 2003 y Economía, de la Universidad de Carleton, Ottawa, 1998.




















Comments
Es obvio que Carlos Alberto Montaner-McCarthy ha usado tecnicas de difamacion y ataques personales sin pruebas.
Montaner, un supuesto lider del exilio cubano no actua de acuerdo a los intereses de los Cubanos. Es hora de que otros mas coherentes tomen el liderazgo.
Ha recibido Montaner una leccion, una derecha sin manos.
que ese grupo solo responde a una agenda
y es estar en acorde con los recalcitran
tes errados en la historia por mas de 50
anos,obedeciend o una linea de esos poli-
cos y seres repugnantes que dicen repre-
sentarnos y solo obedecen a sus agendas
estrechas del Anti Castrsmo y solo han
conseguido fracasar historicamente.
Como dijo Miguel Bose respecto al \"circo\" por el concierto de Juanez en la Habana: \"la guerra y el conflicto se venden mejor que las paz\". Montaner forma parte de esos que con tal de llamar la atencion hace ese tipo de ataques. Por eso yo personalmente no lo leo. Pero por desgracia tales personajes son ideales para ser utilizados en campanias de propaganda, al estilo de George Orwell con \"la necesidad de un enemigo malo\". En fin..ojala podamos ser todos los cubanos un pueblo armonico, independienteme nte de la geografia y el credo elejido
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